miércoles, 7 de marzo de 2012

182 Historia (Argentina)

Año I – Primera Edición – Editorial: 00000182 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Miércoles 7 de Marzo de 2.012.




Las Desventuras de Calculín
Por Rubén Vicente

Hermes Trismegistos, Thales, Euclides, Pitágoras, Newton, Einstein, Max Plank y todos los demás son un poroto al lado de mi mujer, Ema Calculín Dobrinsky (39), que hace una semana tomó la primera clase de las doce que componen el curso de nivelación en matemáticas previo al cbc de economía en la UBA.

Como buena ariana es absolutamente impaciente y, cuando no entiende, piensa que esto de los números no es para ella, a pesar de fue segunda escolta de la bandera durante el secundario, siendo su fuerte, justamente, las matemáticas, y eso que nació en la tierra de los querandíes (léase: Mariano Acosta), ja ja já.
Tan es su negación con las altas matemáticas (el análisis matemático, la estadistica, las matemáticas financieras), que anda diciendo que no le entiende nada a la profesora, pero este sábado pasado, a la tarde, sentó el que te jedi en la silla, dispuesta a no despegarlo hasta descrifar todos y cada uno de los enigmas del universo, a través de la resolución de un maldito pasaje de términos, que la pondrá en carrera con esto de las ecuaciones de primer grado.
Y si, porque bajó un cambio, dándose cuenta de que la profesora no es una tarada, sino que la que está bloqueada es ella, justamente, por falta de práctica, por más de quince años, y por culpa de la benemérita calculadora, claro está.
El momento mágico fue cuando se levantó para hacer un breck a preparar un par de cafés, cuando me preguntó a mi, que soy el hombre de Neandethal, cuánto es cuatro menos trece. Obviamente, le respondí menos once (ups) y, para más datos, abrí la calculadora, y medio menos nueve (¿?).
Ema me miró fijo y me dijo con asombro que a ella le había pasado exactamente lo mismo en la oficina hace dos años, cuando tenía que calcular no sé qué cosa de una factura de servicios públicos de la empresa para la que trabaja.
Como si estuviera bajo los efectos de una bruta dosis de ácido licérgico, levantó la vista, que se le perdió en el infinito, y dijo con los ojos desorbitados ya lo tengo (léase: eureka = he visto la luz = me cayó la ficha); volvió a sentarse y en aboluto silencio mortal (léase: la omertá = el que habla se muere) resolvió las ecuaciones pareciendo que fuera la hemana de Calculín, o algo por el estilo.
Y desde entonces, le cambió el humor y concluyó con una reflexión filosófica: Tengo que bajar un cambio.
Y claro, porque si hace tantos años que no ve nada de matemáticas, lo esperable es que todo le parezca apabullante, pero si baja un cambio, se tranquiliza, y se da cuenta que tiene que ser humilde frente a su propia ingorancia, se respetará a si misma y avanzará en la comprensión de las ideas abstractas de las matemáticas, primero en forma lenta y gradual, para luego hacerlo de manera veloz y en progresión aritmética, para finalmente volar como el viento en progresión geométrica, refrescando absolutamente todos los conocimientos aquiridos en el colegio secundario y quedando lista para el cbc y para economía, que tiene mucha matemática, sobre todo, por esto de la concepción econométrica que tanto número exige al dop, sabiendo todos que la disciplina de la producción, el cambio, el consumo y la conservación de los bienes y de los servicios pertenece al ámbito no exacto de las humanidades.
Es absolutamente claro que la econometría no ha servido para evitar la crisis mundial (el efecto jazz = la gran recesión = la segunda gran depresión), pero hoy en día,  si no sabés econometría, no te recibís de licenciado en economía, y si querés saber econometría, tenés que saber matemáticas, off course.
Y viene a mi memoria la pareja que formaban Elsa Daniels (a) La Bobita y Luis Galván (a) Juan, en Matrimonios y Algo Más de Hugo Moser. Ella le pregunta: “Juan. Vos que sabés tanto que te tendrías que poner una escuela: ¿Qué es la economía”.
Mirándola con soberbia de gran profesor de la universidad, Juan le responde en camiseta, con la voz ronca y con el pucho en los labios: “A ver cómo te eshplico la timología de la palabra.. Cuando yo le pregunto a tu viejo si quiere que le pague el alquiler de esta shapie, él me dice eco. Entonce, eco es plata… No viene de no… Y mía quiere decir mía… O sea que la economía es la ciencia que estudia la forma de que los pobres nunca tengamos plata”.
Y también me acuerdo de Antonio Porchia definía la paciencia con maestría, cuando decía que para dar la vuelta al mundo hacen falta muchos pasos, pero si no das el primero, nunca llegarás a ningún lado.
Dicho de otras palabras, acaban de comenzar Las Desventuras de Calculín Dobrinsky, y nada más, claro está, ja ja já.
Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.



[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es la alegoría de un hecho que es teóricamente posible, pero que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería catastrófico.

1 comentario:

  1. Divino, me reí muchisimo con la nota, excelente mi querido escritor....

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