miércoles, 22 de agosto de 2012

349 Historia (Mundial)


Año II – Primera Edición – Editorial: 00000349 [1]

 

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Miércoles 22 de Agosto de 2.012.





La Gran Guerra Mundial
Por Rubén Vicente 

Entre 1889 y 1914 tuvo lugar un proceso geopolítico que la historia universal conoce con el nombre de La Paz Armada. Fueron veinticinco años (25), durante los cuales, el mundo bipolar del siglo diecinueve (el siglo de la industria), que primero fue anglo-ruso y luego fue anglo-germano, dejó confirurado un escenario mundial caracterizado por el incremento constante de la tensión económica, diplomática y militar (leáse: la confrontación geopolítica) entre Gran Bretaña y Alemania, por el control exclusivo y excluyente del mundo entero (orbis), es decir, por la supremacía global. 

Sin embargo, al comenzar el siglo veinte (el siglo de la alta tecnología), la humanidad estaba covencida de que se había iniciado una era de paz y de progreso universal que no tendría fin, justamente, gracias a la alta tecnología, capaz de generar cuantas revoluciones industriales fueran necesarias, hasta satisfacer completamente toda la demanda global de bienes, de servicios y de dinero, sin que fuera necesario dirimir los conflictos existentes entre los estados miembros de la comunidad internaciónal, a través de una espantosa gran guerra mundial que nadie quería, por la sencilla razón de que en la misma era altamente probable que los bandos en pugna emplearan, nada más ni nada menos, que las tenebrosas armas de destrucción masiva (léase: Las ADM´s), en su primera versión de las armas químicas, supuestamente capaces de exterminar millones de personas en unos pocos días. Ups. 

Psiquiátricamente, la demencia implica el divorcio entre la mente y la realidad. Eso era justamente lo que estaba ocurríendo con la gente, dementizada ex profeso por los servicios de inteligencia militares en pugna secreta, pues si la gente no quería la guerra, los políticos tampoco y los gobiernos no apoyarían los programas de armamentos británico y alemán, obvio. 

Pero una cosa era la gente y otra muy distinta eran los complejos estratégicos nacionales, que forzaban el esmerilamiento de las relaciones internacionales, a través de el doble mensaje psicótico de proclamar la paz mientras se armaban para la guerra. 

En ese contexto, se llevó a cabo La Conferencia Mundial de la Paz de 1907, celebrada en la capital holandesa (Amsterdam), en cuyo marco las grandes potencias mundiales, a pesar de los discursos, de los documentos y de las fotos para la posteridad, al año siguiente, sólo lograron la entrada en vigencia de La Convención de Ginebra de 1908, que fue el acta de nacimiento de el derecho internacional humanitario, y nada más, claro está.

A partir de 1910 todo empezó a cambiar vertiginosamente, con el estallido de La Guerra de los Balcanes, en cuyo contexto las grandes potencias europeas fogonearon alevosamente los micro nacionalismos, probando las armas que pensaban utilizar en su gran guerra mundial. 

Los astrólogos comenzaron a anunciar la inminencia del fin del mundo y, mientras insólitamente, los gobernantes se olvidaban de sus declamaciones pacifistas de la década pasada, el cielo envió su mensaje con El Cometa Haley (1910), ocurriendo lo que nadie creía que pudiera suceder, como fue El Hundimiento del Titanic (1912).

El aire se cortaba con tijera y cualquier chispa podría incendiar el mundo. En otro momento de la historia, El Magnicidio del Archiduque Francisco Fernando, heredero del trono de Austria Hungría, hubiera sido la comidilla de las cronicas policiales de todo el planeta, y nada más pero ese fue, justamente, el hecho puntual que desató la tragedia. 

Y estalló La Gran Guerra Mundial (1914-1918) de La Entente Cordiale (Gran Bretaña, Francia, Italia, Rusia y Japón) contra Los Imperios Centrales (Alemania, Austria Hungría, Turquía y China). 

Treinta millones de bajas, entre muertos, lisiados, heridos, contusos, prisioneros y desaparecidos (30.000.000). La utilización masiva de las armas químicas. La expansión inducida de devastadoras enfermedades virósicas en el viejo continente. El estallido de La Tercera Guerra Civil Rusa. La caída de la monarquía y la instauración de la república, primero social demócrata y pro británica (léase: menchevique) y luego comunista y pro alemana (léase: bolchevique). Finalmente, la entrada en la guerra global de los EEUU, aliados al bando de la entente cordiale.

Y ganó La Ententente Cordiale (Gran Bretaña, Francia, Italia, Rusia, Japón y los EEUU). En Alemania cayó el segundo imperio, instaurándose la república social weimariana y pro británica, mientras Baviera se secesionaba, convirtiéndose en una república socialista soviética pro rusa. También se extinguió el imperio austro húngaro, instaurándose las repúblicas pro británicas de Austria y de Hungría.  

Y Turquía quedo reducida a Anatolia, estallando un golpe de estado que terminó con el imperio y dejó instaurada la república islámica, nacionalista, anticomunista y pro estadounidense. Y en toda Rusia, la tercera guerra civil, fogoneada por Gran Bretaña y por Alemania, no podía evitar la formación de varias repúblicas socialistas soviéticas. 

En otras palabras, la gran guerra mundial había concluído, pero los intereses estratégicos que la causaron seguían en pugna, no obstante la parodia de los vencedores, que forjaron La Socidad de las Naciones (SN´s), liderada por una Gran Bretaña en ya inocultable estado de decadencia imperial, que fue abiertamente desairada por los aliados estadoudenses que no quisieron sumarse a su proyecto capitalista británico, pero tan internacionalista como el comunismo que decía que quiería desterrar de la faz de la tierra. 

En esa reedición soterrada de la paz armada, surgían dos novedades. El capitalismo industrial-militar de los EEUU y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Dos proyectos para el mundo que anhelaba una paz firme y duradera pero que, otra vez, empezaba a marchar en la dirección contraria. 

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.


[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).
 
[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es la alegoría de un hecho que es teóricamente posible, pero que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería catastrófico.
 

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