miércoles, 24 de julio de 2013

646 Historia (Argentina)


Año II – Primera Edición – Editorial: 00000646 [1]

 

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Miércoles 24 de Julio de 2.013.





El Dueño del Pueblo XIX
Por Rubén Vicente

Me acuerdo como si fuera hoy. El viernes diez de febrero de 1989, el oro cotizaba a cuatrocientos cincuenta dólares por cada onza troy (1 OT = U$S 450,00),  determinando una relación de cuatrocientos cincuenta a uno entre el billete verde y el metal amarillo (450:1), mientras el austral cotizaba a razón de dos unidades por cada unidad de moneda estadounidense y mundial (2:1); cuando sin que nadie se lo imaginara, porque los argentinos nos estabamos mirando el ombligo, finalmente, llegó el gran tsumami estallando, nada más ni nada menos, la hiperinflación (léase: el default argentino = la hiper del ochenta y nueve). ¿Cómo? 

Y si, porque en sólo cincuenta días (50), la cotización se situó en los diez australes por dólar (10:1), determinando una giga devaluación de la moneda nacional respecto de la moneda del comercio mundial del cuatrocientos por ciento (400%). 

Fue entonces, cuando sobrevino la renuncia de su excelencia, el señor ministro masón-social demócrata de la nación, Dr. Dn. Juan Vital Sourruille (49), y con él, de todo el equipo económico (léase: la sinagoga radical), forzando al presidente Alfonsín a nombrar como nuevo titular de El Palacio de Hacienda a su excelencia, el señor diputado nacional radical, pero balbinista, Dr. Dn. Juan Carlos Pugliese (a) El Viejito (74), quien firmó una resolución administrativa, nombrando como nuevo presidente de El Banco Central de la República Argentina (BCRA), al diputado radical alfonsinista, Dr. Dn. Jesús Rodriguez (34). [3] 

La estrategia planteada por el nuevo equipo económico consistía en administrar la situación, para llegar a las elecciones de la mejor manera posible. Pero lo cierto fue que, para mediados del mes de abril, la cotización ya era de cien australes por dólar (100:1), y quince días más tarde, era de trescientos australes por dólar (300:1). 

Y llegó el domingo catorce de mayo de 1989, y el pueblo argentino consagró como nuevo presidente de la nación, a su excelencia, el señor gobernador francmasón-justicialista de la provincia de La Rioja, Agte. CIA C-3 Dr. Dn. Carlos Saúl Menem (a) Facundo Quiroga (a) El Riojano (a) El Patilludo (a) El Turco (a) El Mesías (59). 

Ese día, yo (34), me desempeñé como presidente de una mesa electoral en el colegio Pío Nono, de la comunidad salesiana del barrio porteño de Almagro, y salí exultante, porque creí que como en mi mesa había ganado Eduardo Angeloz, pero por afano (sic), sentía la inmensa alegría de saber que, a pesar de todo, los argentinos no comíamos vidrio, y éramos capaces de entender que El Riojano era lo peor que nos podía suceder, pero no.  

Esa noche, se me caían las lágrimas, viendo a Memen presentarse en el programa televisivisión de Dn. Bernardo Neustadt (a) Bernie (66), que le dijo que a él, una bruja, le dijo que no terminaría su mandato (sic). 

Menem hizo dos segundos de silencio. Lo miró a los ojos, y le reflexionó en la pícara clave turco-riojana, que: “¡Y Bernardo, a lo mejor, es una bruja yadical!” (sic). 

La verdad, ese tipo, que yo lo detestaba, me arrancó una carcajada en medio de las lágrimas (sic), y la única menera de que eso pudiera suceder, era que, sin que yo ni siquiera lo imaginara, se estaba cumpliendo el lema de la campaña menemista, de que su presidencia sería para cambiar la historia, y nada más. 

El martes treinta de mayo de 1989, mientras el austral cotizaba a razón de quinientos por dólar (500:1), la masa peronista salió de las villas miserias a saquear los supermercados de El Gran Buenos Aires, forzando al presidente Alfonsín a anunciar por la cadena nacional de radio y televisión, el establecimiento del estado de sitio en todo el territorio nacional, y a la vez, la renuncia anticipada de su cargo (sic), y la entrega del mandato presidencial, el día jueves ocho de julio próximo, al presidente Menem, que fue convocado de urgencia a La Residencia Presidencial de Olivos; aceptando el ofrecimiento del Dr. Alfonsín, pero bajo beneficio de inventario (sic). ¿Qué? 

Y el viernes ocho de julio de 1989, mientras el oro cotizaba estable a cuatrocientos cincuenta dólares (450:1), y se necesitaban increibles seiscientos ocho dólares para adquirir un puto dólar (608:1), en La Casa Rosada, el presidente Alfosín, le entregó el bastón de mando y la banda presidencial al Dr. Menem, concluyendo entonces, el primer gobierno de la república recuperada (1983-1989), pero sepultada por el tsunami de La Crisis del Oro de 1982; cuya traducción vernácula fue La Hiper del 89´ (léase: el default argentino), y nada más. 

Luego del gobierno de Alfonsín, La Argentina registraba un producto bruto interno de cien mil millones de dólares (100 MMD´s), mientras las reservas monetarias de la nación ascendían a sólo cincuenta millones de dólares (50 MD´s), y el índice de precios al consumidor (léase: el ipc = la carestía), asendía a la friolera del doscientos cincuenta por ciento mensual (250%). 

Pero para que la pesadilla se pareciera al apocalipsis, faltaría decir que la deuda externa ascendía a cien mil millones de dólares (100 MMD´s), equivalente al pbi; que los vencimientos anuales ascendían a cinco mil cuatrocientos millones de dólares (5,4 MMD´s), y que el crédito stand by del FMI destinado a su cancelación, ascendía a sólo tres mil millones de dólares (3 MMD´s); lo que la práctica, significaba una sola cosa, que era el default, o mejor dicho en castellano, la bancarrota nacional (sic). Right? 

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.


[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).
 
[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.
 
[3] Las ironías del destino. El último presidente del BCRA de la república recuperada (Jesús Rodriguez) nació el 16 de Junio de 1955, es decir, el día de El Bombardeo de La Plaza de Mayo, que fue el acto inaugural de la tercera guerra civil argentina (1955-1983).

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