jueves, 18 de julio de 2013

640 Historia (Argentina)

Año II – Primera Edición – Editorial: 00000640 [1]

 

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Jueves 18 de Julio de 2.013.





El Dueño del Pueblo XIII
Por Rubén Vicente 

Durante el año 1986, en el mundo entero (orbis), el oro caía a seiscientos dólares la onza (1OT = U$S 600,00), mientras el precio de los commodities caía un cuarenta por ciento (-40%).  

Consecuentemente, las reservas monetarias argentinas, constituídas en dólares, valían un treinta y tres por ciento más (+33%), mientras el petróleo importado valía cuarenta por ciento menos (-40%), pero las carnes y los cereales argentinos se vendían a un cuarenta por ciento menos (-40%).  

De esa manera, las importaciones equibraban a las exportaciones, mientras que en el mercado interno, la revalorización del austral generaba la tendencia hacia la recesión y al desempleo. Right? 

Por eso, Sourrouille le ordenó a Machinea imprimir sin respaldo un treinta y tres por ciento de la base monetaria (+33%), causando una inflación y una carestía proporcional (léase: +33%); pero dando la sensación fic-ti-cia de plata fresca, de crédito interno, de inversión privada vernácula, de empleo, de producción, de ventas, de exportaciones y de bienestar social.  

La tasa de cambio se estableció en un austral por dólar (U$S 1,00 = A 1,00 – 1:1). Paralelamente, se empezó a operar la reforma financiera, en cuya virtud sobrevendría un proceso de la concentración de las entidades del sistema bancario, bursatil y privisional, quedando el veinticinco por ciento de las existentes (25%).   

Entonces, no sólo teníamos una moneda relativamente sana, aunque no tan fuerte como al principio del plan austral, sino también, íbamos hacia un sector financiero racionalizado, y más fuerte que el anterior, bajo la impronta de el neoliberalismo monetarista, no jodamos. 

Siendo así, la idea era avanzar en las reformas fiscal, administrativa, económica y social, para que La Argentina estuviera en condiciones de ser tenida por el mundo entero (orbis) como la república recuperada, pero de verdad.  

Sin embargo, se ve que había gente que no entendía qué era lo que estaba sucediendo en el país, porque resulta que, invocando La Ley Mucci (léase: la desperonización gremial), La CGT decretó otros tres paros generales, de alcance nacional, por veinticuatro horas (24), y ya iban siete (7). 

Sin embargo, Alfonsín no aflojaba, y viajó a La Unión Soviética, pactando con Gorvachov, nada más ni nada menos, que la instalación en La Argentina de empresas soviéticas del rubro de la infraestructura (léase: la minería, la energía, los transportes y las comunicaciones). ¿Y los yankis?  

Nada, porque Alfonsín hizo que México, Venezuela, Colombia y Panamá (léase: El Grupo Contadora), más La Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador y Brasil (léase: El Grupo de Apoyo a Contadora), se unieran, para firmar La Declaración de Guatemala, en cuya virtud, las naciones de América Latina se comprometieron formalmente a contribuir, en la medida de sus posibilidades, a fortalecer y a consolidar la paz y la democracia en América Central, pero también, a apoyar el reclamo de la soberanía argentina sobre Las Malvinas.  

Entonces, la cosa era que éramos más amigos de Rusia que Videla, y encima, le cagábamos a la CIA el negocio de venderle armas a los bandos centroamericanos en pugna (léase: La Operación ´Irán Contras´). Ups. 

Bajo esa comprensión, quedaba claro quién estaba fogoneando los otros tres paros generales, de alcance nacional, por veinticuatro horas (24), que organizó La CGT, y ya iban diez (10).  

Pero a Alfonsín no le importaba, porque de puro contento nomás, salió de decirle al pueblo que había que trasladar la capital federal a El Complejo Viedma-Carmen de Patagones-Guardia Mitre, bajo el lema de que vamos al sur, al frio y al mar, lo cual, a los EEUU y a Gran Bretaña les hacía cada vez menos gracia, por cierto.  

Y en ese momento, en que el pueblo argentino estaba reecontrándose con la senda de la paz, desde el seno mismo del oficialismo, apoyado por las organizaciones defensoras de los derechos humanos y por los partido políticos de izquierda (léase: el progresismo), empezó a meter basa, nada más ni nada menos, que la doctrina de el garantismo (léase: el anarquismo jurídico = la pedorrada), que lamentablemente, no para hasta el día de la fecha. 

Y el primer acto fue la sanción de la ley de la derogación de la pena de muerte en el código de justicia militar, seguida por la ley de la reforma del código procesal criminal y correccional federal, instaurando el sistema del dos por uno, en cuya virtud, por cada día de prisión preventiva, se computarían dos días de condena, con lo cual, en la práctica, las condenas se reducían a la mitad (-50%). 

Desde entonces, las cárceles comenzaron a vaciarse, y dejar de ser mantenidas en condiciones de seguridad, de moralidad, y de salubridad, comenzando a aparecer casos de homosexualidad, de lesbianismo y de sida, mientras los barrios de emergencia (léase: las villa miseria), empezaban a sobrepoblarse con hampones, de sidosos, de putos y de tortilleras, no se sí … 

Ese fue el momento en que Alfonsín, viendo que el descontento de los militares podía provocar un nuevo golpe de estado, que hiciera estallar de nuevo la tercera guerra civil argentina (1955-1983), bajó un cambio, y promovió la sanción de La Ley del Punto Final, en cuya virtud, quienes se creyeren damnificados por las violaciones a los derechos humanos, perpetradas por la dictadura militar, tendrían el derecho a iniciar acciones judiciales, pero durante los siguientes sesenta días, contados a partir de la entrada en vigencia de la norma (60).  

Dicha ley alfonsinista fue agriamente criticada por las organizaciones, sociales y políticas, defensoras de los derechos humanos y/o partidarias de las ideologías de izquierda (léase: el anarquismo, el socialismo y el comunismo), dejando al radicalismo posicionado entre las facciones de los militares nazis ortodoxos, y de la zurda trasnochada.  

Pero no importaba, porque Alfonsín se fue a España, para recibir el doctorado honoris causae en jurisprudencia, poro también, El Premio Príncipe de Astúrias, por su contribución a la occidentalización de La Argentina. 

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.


[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).
 
[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.
 

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