martes, 19 de marzo de 2013

529 Geopolítica (Mundial)




Año II – Primera Edición – Editorial: 00000529 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Martes 19 de Marzo de 2.013.


 


La Iglesia de Los Pobres
Por Rubén Vicente

En 1815 cayó Napoleón, se extinguió El Sacro Imperio, y las potencias europeas se unieron para conformar La Santa Alianza, liderada por Gran Bretaña y secundada por Rusia, que en realidad, era la mascara civilizada, detrás de la cual quedó oculta la verdad, del flamante nuevo mundo bipolar anglo-ruso, de la naciente edad contemporánea (1815-1945).

En ese contexto, La Santa Alianza estaba dispuesta a aceptar la validez de los cambios operados durante la revolución francesa napoleónica, es decir, los derechos humanos, el estado de derecho y la democracia constitucional (léase: la cosa de todos = de res publicae = la republica), como así también, la legitimidad política de las transformaciones científicas y técnicas (léase: la revolución tecnológica = el alma de la industria contemporánea).

Moría de ese modo la tradición de El Sacro Imperio Romano de La Nación Alemana (léase: La Gran Alemania = Das Reich = El Imperio de los Mil Años = 800-1815 = El Nuevo Israel = La Europa Cristiana = La Primera Proto Unión Europea).

Y la tradición decía que Dios Padre era el creador y supremo gobernante del universo, pero que Nuestro Señor Jesucristo era el gobernante de este mundo, siendo el monarca del reino divino (léase: de regnun dei); y que su representante en la tierra era el papa, a cuya autoridad material y espiritual debían responder absolutamente todos los gobernantes del mundo entero (orbis). ¿Se entiende la idea?

Sólo por la gracia divina, el papa había delegado su poder material (léase: el poder temporal = el poder político) en los estados miembros de la comunidad internacional, todavía no organizada en ese entonces, y que en 1815, directamente, le daba la espalda a la iglesia católica apostólica romana, porque la grandes potencias en pugna secreta (léase: Gran Bretaña y Rusia), eran cristianas, pero no eran católicas apostólicas romanas, obvio.

Absolutamente despojada de su poder político global (1815), la iglesia católica apostólica romana, sencillamente, se cerró como una ostra (sic).

Territorialmente reducida al espacio geográfico de Los Estados Pontificios con capital en Roma, la iglesia maniobró políticamente para lograr la hazaña de el imperio austríaco los pusiera bajo su protección militar, conservando de ese modo sus vastas haciendas rurales, sus ciudades opulentas, sus puertos marítimos, sus castillos, sus palacios, tus templos, sus obras de arte y su oro; mientras se concentraba, exclusivamente, en la teología (léase: el sexo de los ángeles), olvidándose completamente de la filosofía, de las ciencias, de la técnica, de las artes, de la política, y hasta de las virtudes cardinales de la misericordia y de la caridad (léase: la acción social = la pastoral eclesiástica).

Esa situación de apartamiento del mundo se acentuó todavía más, cuando sobrevino la instauración de El Reino de Italia (1865), cuyas fuerzas militares anexaron Los Estados Pontificios, dejándolos reducidos, de hecho, a El Vaticano.

Justo en ese momento, empezaban a tallar las nuevas ideas de la teoría de la evolución darwinista, que decía que el hombre desciende del mono, lo cual fue cuestionado por la teología católica, autora de la teoría del creacionismo, que dice que Dios creó al hombre, y que no desciende del mono un carajo.

Y justo en ese momento, algunos teólogos protestantes, amantes de la historia universal, revisaban la versión oficial del origen del cristianismo, concluyendo María y José tuvieron sexo (sic), y que Jesús se había casado con María Magdalena, y que habían tenido dos hijos (léase: Juan y Elías), agregando que Elías había vivido en La Galia Romana, y que su descendencia se unió con los carolingios de La Germania, para dar origen a la descendencia de la sangre sagrada (léase: le saint graal = el santo grial = la nobleza europea).

Contra semejantes concepciones, se levantó el papa, Pío IX (a) Pío Nono (a) El Repostero (1846-1877), que organizó El Concilio Vaticano (1871), en el que impuso la nueva doctrina catolica la infalibilidad de papa en cuestiones ética y morales, como así también, la exaltación de la virginidad de La Virgen María (léase: el culto mariano).

En otras palabras, no al darwinismo y no a la teoría del santo grial, es decir, no a la verdad, y al que no le gustaba, lo excomlgaban, y listo, en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amén.

Desde esas alturas teológicas infalibles, su sucesor, León XIII (1878-1903), hizo una primera reapertura, cuando emitió La Enciclica Rerun Novarum (1891), donde censuró ética y moralmente a el capitalismo egoista (sic) y a el marxismo ateo (sic), planteando la alternativa católica apostólica romana de la doctrina social de la iglesia (sic), que no era otra cosa que el socialismo verdadero. [3]

Su sucesor (San Pío X) modernizó la finanzas vaticanas, creando El Instituto Para Las Obras de la Religión (IOR), es decir, El Banco del Vaticano, cuya administración fue puesta a cargo de un magnate judío, converso al catolicismo por amor al dinero (Bernardo Nogara).

Su sucesor (Benedicto XV) modernizó los aspectos normativos, emitiendo El Código Canónico (1917), que enumeró las causales de nulidad y de anulabilidad del matrimonio católico, pero sin admitir el divorcio vincular.

Y su sucesor (Pío XI) quizo que la infalibilidad papal se diseminara por el mundo entero (orbis), empezando por América Latina y, más precisamente, por La Argentina, organizando en su territorio, nada más ni nada menos, que El Congreso Eucarístico, liderado por su eminencia reverendísima, el señor ex embajador de la santa sede en Berlín y, a la sazón, secretario de estado vaticano, Msr. Dr. Dn. Eugenio Pacelli, quien posteriormente, se consagraría como Pío XII (léase: El Papa de Hitler), que pretendía, nada más ni nada menos, que la reconstrucción de El Sacro Imperio (léase: El Reich), gobernado por Dios, por Jesucristo y por el papa, pero con él como primer ministro, obvio. Right?

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) mancó todo el proyecto de Pío XII y de Hitler para reconstruir La Europa Cristiana, y la iglesia católica apostólica romana sintió que el nuevo satanás era La Unión Soviética, que después de la muerte de Stalin (1954), tenía un nuevo lider (Nikita Krushev), que quería detener la guerra fría contra el capitalismo egoista estadounidense (léase: la coexistencia pacífica), pero a través de el diálogo del católicamente condenado marxismo ateo con las grandes religiones universales (léase: el budismo, el hinduísmo, el islamismo, el judaísmo y el cristianismo).

Las máximas intancias religiosas se negaron a dialogar con el marxismo ateo, es decir, con el satanismo del siglo veinte (léase: el siglo de la tecnología), hasta que no reconociera la existencia de Dios (léase: Dyaus = Allah = Jehová, etc.), pero en la base de las religiones aparecieron unos pocos teólogos, que estaba a favor, principalmente en el islamismo y en el cristianismo católico apostólico romano.

De la confluencia del marxismo con el islamismo surgiría la doctrina de el marxismo islámico (léase: el islamismo marxista = el fundamentalismo = el salafismo = la revolución islámica = la gran guerra santa mundial = la gran jihad).

Y de la confluencia del marxismo con el catolicismo apostólico romano surgiría la doctrina de el marxismo católico (léase: el catolicismo marxista = la teología de la liberación = la opción preferencial por los pobres = el moviento de los sacerdotes del tercer mundo = las comunidades eclesiales de base = los curas obreros = la guerrilla católica).

El Papa de Hitler (léase: Pío XII), no quiso saber absolutamente nada con la teología de la liberación, porque la consideraba como un engendro de satanás (sic), pero su sucesor (Juan XXIII (a) El Bueno), convocó El Concilio Ecuménico Vaticano Segundo (1962-1965), transformando a la iglesia católica apostólica romana, que es una institución humana de origen divino, directamente, en una ong piadosa (sic). Right?

Y si, porque fueron muchas las buenas intenciones del papa bueno, pero ya se sabe que el camino del infierno está plagado de buenas intenciones, y bajo esas bien intencionadas buenas intenciones, La Iglesia de Cristo se metió en la ciénaga apocalíptica de El Escándalo del Banco del Vaticano, que fue tapado con el papicidio de Juan Pablo I (1978).

Y con Juan Pablo II (1978-2005), la ong piadosa bregó en pos de la causa diabólica de entronizar el liderazgo mundial del capitalismo egoista y condenado de los EEUU de los últimos tiempos, que con Benedicto XVI (2005-2013), empezó a llegar al paroxismo de tapar la depravación suxual sistmática, hasta de los monjes, muchísimos de ellos, lamentablemente, jesuístas y franciscanos, no jodamos, que no vivimos en un fraco de mayonesa, por favor.

Y han comenzado los últimos días, bajo el gobierno de El Papa Francisco, que es jesuita, pero cuyo nombre eclesíastico es franciscano, quién tiene por delante una tarea ímproba, que agotará todas sus buenas intenciones, y toda su energía vital, porque las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia de origen divino, pero es más que obvio, que el diablo vive en la curia romana que eligió al flamante santo padre con la ayuda del espíritu santo, en eterna guerra contra el mal, y la última batalla (léase: el armagedón), culminará con la canonización, o con la conversión del vicario en el último papa sanmalaquiano (léase: Petrus Romanus).

En otras palabras, a mi no me extrañaría para nada, que a este papa, que sueña con la iglesia de los pobres, se le ocurra la peregrina idea de vender todos los inmuebles, todos los castillos, todos los palacios, todos los templos, todas las obras de arte y todo el oro, justamente, para dárselo a los acreedores de El Banco del Vaticano y no a pobres, y cambiar la santa sede de El Vaticano a Meggido, o algo por el estilo, no sé si ….

Dicho de otro modo, no sea cosa que la iglesia de los pobres involucione a los orígenes geográficos y espirituales del cristianismo, pero para que triunfe la maldad de Lucifer (léase: El Angel Caído = Satanás  = El Príncipe de Este Mundo), cuyo blanco preferido, obviamente, son los hombres buenos, claro está.

Expresado en otros términos, no sea cosa que por reconstruir la iglesia de los pobres, veamos con buenos ojos que su máximo servidor, obviamente sin saberlo, sea inducido a construir, nada más ni nada menos, que la iglesia del diablo, con sede en los territorios ocupados, pero con toda la guita bien pero bien acovachada, en las alturas infalibles del país de los relojes kú kú. ¡Tá!

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.

 

[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.

[3] El socialismo verdadero es la confluencia entre el socialismo, que es escencialmente internacionalista, con el nacionalismo, que es escencialmente individualista, para dar como resultado ideológico, la síntesis superadora del nacionalismo socialista, o bien, del socialismo nacionalista, es decir, de el socialismo nacional (léase: el nacional socialismo = el nazismo), cuyos mentores fueron Pierre Prohudom y Karl Grün; que en su obra insigne (El Manifiesto Comunista), Karl Marx definió como una doctrina burguesa y contrarrevolucionaria (sic). Véase respecto del socialismo verdadero El Cisne Negro (Editorial 28).

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