miércoles, 6 de febrero de 2013

490 Historia (Francia)




Año II – Primera Edición – Editorial: 00000490 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Miércoles 6 de Febrero de 2.013.



 

El Diario de la Revolución VIII
Por Rubén Vicente

El miércoles quince de abril de 1789, por la mañana, sobrevinó la renuncia de su alteza, el duque de Copet y, a la vez, primer ministro del gobierno francés (el secretario de estado = el canciller imperial), Cnel. Gral. RW ® Dr. Dn. Matias Jacques Necker (a) El Suizo (a) Abal Medina (a) Tengo un Plan (64).

Jurídicamente hablando, correspondía que la corona nombrara un reemplazante. Sin embargo, sólo dos horas más tarde (2), la asamblea nacional de la nación francesa, procedió a la designación de su alteza, el duque de Mulon y, a la vez, alcalde de la capital (léase: La Comuna de París), Tte. Gral. RW ® Dr. Jean Silvain Bailly (a) El Astrónomo (a) Macri (54), nada más ni nada menos, que como nuevo primer ministro del gobierno de su majestad (?).

Inmediatamente después de asumir su función, El Duque de Mulon emitió su primer decreto gubernamental, autodesignándose como nuevo jefe del estado mayor general (JEMG) del cuerpo francés (l´ armée) del ejército sacro imperial (das reich wehrmatch), autoasignándose con el grado de mariscal de campo en actividad, exigiendo a los efectivos destacados en EL Palacio de las Tullerías que declaren su fidelidad (de fidelitas) al nuevo gobierno revolucionario, lo cual fue increiblemente acatacado en forma inmediata (?).

Bajo esa comprensión, lo único que debía esperar el Mcl. Bailly es que la sede del gobierno revolucionario que él presidía, es decir, El Palacio de las Tullerías, más rápido que volando, se convirtiera en una gran hoguera contrarrevolucionaria, pero con todos sus miembros adentro, para que ardan en las llamas puricadoras del infierno, pues estab claro que son agentes del maligno (léase: los demonios), y nada más, claro está.

Aro, aro. No. No son demonios, sino ángeles, porque operaban el plan divino de salvación, es decir, la revolución francesa, contra Luis XVI, es decir, contra el satanista (el gran demonio = belzebú). Conste.

Cinco días más tarde, en El Palacio de Versalles, su majestad, el monarca de El Gran Imperio Francés (Le Plus Grand France), Gn. Mcl. RW ® Dr. Dn. Luis XVI Borbón (a) Le Roi (a) El Mayordomo Sacro Imperial (a) El Satanista (34), emitió un decreto imperial (de raescriptum = elrescripto), nombrando como nuevo primer ministro (el secretario de estado = el canciller imperial) a su alteza, el duque de Tayllerand, conde de Villafranca, barón de Perigord y marqués de La Dordona y, a la vez, obispo de la dióecesis de La Dordona, arzobispo de la arquidiócesis de Guayana y cardenal del ordinariato occidental de Aquitania de la iglesia católica apostólica romana de la nación francesa (léase: la hija mayor de la santa sede romana), Tte. Cnel. Gral. RW ® Msr. Dr. Dn. Charles Maurice Delacroix (a) Anibal Fernandez (a) El Rengo (48), ordenando su reincorporación al cuerpo francés (l´ armée) del ejército sacro imperial (das reich wehrmatch), al sólo efecto de ascenderlo al grado de mariscal de campo en actividad.

En síntesis, hay dos primeros ministros (2), uno legal y el otro ilegal que eran, a la vez, mariscales campo en actividad, uno legal y el otro ilegal y, los dos (2), jefes del estado mayor general (JEMG´s) del cuerpo francés (l´ armée) del ejército sacro imperial (das reich wehrmatch), uno legal y el otro ilegal.

Dicho de otro modo, fractura política oficializada o, si se prefiere, el golpe de estado (léase: le coup d´etat) y, por supuesto, la incipiente guerra civil aún no declarada, claro está.

Bajo esa comprensión, inmediatamente después de asumir su función, El Cardenal Tayllerand emitió su primer decreto gubernamental, estableciendo la censura pública, el estado de sitio, la ley marcial y el toque de queda, durante toda la noche (la emergencia militar = el estado de guerra interna = el estado de excepción = la guerra civil declarada), en absolutamente todo el principado borgoñón del Sena, que rodeaba a la capital francesa (París), dando instrucciones a el ejército leal para que organizara la recuperación, pero a sangre y fuego, de El Palacio de las Tullerías, en poder de los insurrectos (léase: el ejército rebelde = el ejército insurgente = el ejército revolucionario), y nada más, claro está.

Bajo esta comprensión, está bien claro que El Cardenal Tayllerán, sencillamente, jamás pensó en fogonear la constitución y que, únicamente, pretendía trampear a la aristocracia (el estado llano = el tercer estado = la izquierda = la gauche =  los progresistas y los radicales), para que legitimara el empréstito forzoso, y nada más.

En otras palabras, señoras y señores, acababa de nacer, nada más ni nada menos, que la contrarrevolución francesa, obviamente, liderada por El Cardenal Tayllerand, obvio.

Bajo esa comprensión, la nueva guerra civil francesa, es decir, la guerra de la revolución, enfrentó a la derecha (la droite = los conservadores y los liberales) contra la izquierda (la gauche = los progresistas y los radicales).

De ese modo, es evidente que el liberalismo es decididamente contrarrevolucionario, y nada más, claro está. [3]

Y así terminó el tormentoso mes de abril de 1789, y empezó el mes mayo, prometiendo la primavera, no sólo meteorológica, obvio.

Sieno así, la historia demuestra inequívocamente que, durante los primeros cuatro meses del año mil setecientos ochenta y nueve (4), en los campos y en las calles de absolutamente todo el imperio frances (léase: las colonias, la metrópolis y la capital) no había pasado absolutamente nada fuera directamente percibido y vivenciado en concreto por las masas francesas (léase: el pueblo = le peuple). Right?

En ese contexto, un grupo de magnates plebeyos, que no ostentaban títulos de nobleza morganática, por no profesar la religión verdadera (léase: el catolicismo apostólico romano), es decir, que no eran caballeros imperiales, esto es, que no formaban parte de el patriciado, sino que se posicionaban en la escala social francesa como los de las comunas (los comuneros = los comunes), pero que profesan, exclusivamente, la religión yavista en sus distintas vertientes (léase: los sefaradíes, los ashkenazíes y los hassídicos = los judíos = les juif), se reunieron para conformar una nueva asociación civil sin fines de lucro, que comenzó a girar bajo la razón social de La Humanidad (Le Humanite), cuyo primer presidente de la comisión directiva es el Dr. Aarón Goldberg, de sesenta y años de edad.

Los objetivos de la nueva entidad eran:

1) Comenzar a escribir, editar, imprimir, publicar, distribuir, comercializar y, si fuera el caso, exportar, un semanario, bajo el nombre de la asociación (léase: Le Humanite = La Humanidad); y

2) Contribuir, a través de sus páginas, al afianzamiento progresivo de la doctrina de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad entre todos los franceses, sin distinciones telúricas, raciales, linguísticas ni religiosas (léase: las distinciones étnicas), ni tampoco, económicas, sociales, culturales, institucionales, diplomáticas o militares (léase: las distinciones políticas), tal como lo establece su manifiesto peridístico, titulado con el nombre de La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que, según L´ Humanite, debería ser oficialmente aprobada por la asamblea nacional (léase: el parlamento imperial revolucionario).

Consecuentemente, está claro que la revolución francesa es un invento cristiano, y que la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano es un invento judío. ¿Verdad?

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.



[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.

[3] Esto es para Mariano Grondona, que lo mira por tevé.

martes, 5 de febrero de 2013

489 Historia (Francia)




Año II – Primera Edición – Editorial: 0000000489 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Martes 5 de Febrero de 2.013.


 

El Diario de la Revolución VII
Por Rubén Vicente

En la noche de martes siete de abril de 1879, en El Palacio de Versalles, completamente harto de las idioteses de Necker, su majestad (Luis XVI), sencillamente, ordenó la redacción de un decreto imperial (de raescriptum = el rescripto) en cuya virtud declaró:

1) La disolución de los nuevos estados generales;

2) El inmediato desalojo del Palacio de las Tullerías; y

3) La ratificación del empréstito forzoso.

Listo, quedamos así. Qué me venís a negociar con esta gente, si está visto que no quieren aportar y, encima, te quieren apretar con el papelito (léase: la constitución). Qué se vayan al mierda, y listo. Pregunta: ¿Soy el rey o no soy el rey? Respuesta riojana: ¡Pero por favor querido¡ ¡El gusto de saludarle¡

Mientras tanto, en absoluta ignorancia de lo que ocurría en El Palacio de Versalles, en la casa de gobierno (léase: El Palacio de las Tullerías), todos los diputados de los estados generales se reunieron para la cena, que fue relativamente tranquila.

En efecto, todos hablaban de boberas, como los vestidos de las damas o la situación en Gran Bretaña, pero de Francia, absolutamente nada.

A las diez, todo el mundo a dormir, pero no, porque nada más que media hora más tarde, había diputados que empezaron a reunirse en sus habitaciones con otros diputados, extendiéndose estos encuentros hasta bien pasada la medianoche.

Sin embargo, lo curioso es que estos pequeños cenáculos reunían, fundamentalmente, a miembros de la aristocracia (el estado llano = el tercer estado = la izquierda = la gauche = los progresistas y los radicales), pero por separado, es decir, la izquierda moderada (le centre gauche = les progresistes = los progresistas) de El Duque de Mulon y la izquierda intransigente (le extreme gauche = le radicalisme = los radicales) de El Duque de Robespierre.

Sin embargo, exactamente a las dos de la mañana, mientras Necker, completamente descorazonado, ingresaba a El Palacio de las Tullerías, se llevaba a cabo el último conciliabúlo reservado (léase: la conspiración), justamente, entre El Duque de Mulon (léase: Mauricio Macri) y El Duque de Robespierre (léase: Luis D´ Elía).

Sinceramente, ni los espías gubernamentales se enteraron de qué estuvieron hablando. La cuestión es que, una hora más tarde, ambos se fueron a dormir, mientras los esclavos deambulaban por las habitaciones, tirando papelitos blancos, azules y rojos (léase: conservadores, liberales y radicales) por debajo de las puertas, pero sólo de los diputados de la aristocracia, tanto parisina como de el interior, pertenecientes, exclusivamente, a el patriciado (?). [3]

Exactamente a las nueve de la mañana del miércoles ocho de abril, se presentaronn en La Cámara de San Luis, los diputados de la nobleza, del clero y de la aristocracia, que integraban los nuevos estados generales en disolución, pero con la llamativa ausencia de la totalidad del patriciado (?).

No estaban y, según parece, no pensaban ir (?). Alquien se le acercó a Necker (léase: Abal Medina), para informarle al oido que los miembros del patriciado estaban, en este mismo momento, reunidos en el estadio del juego de pelota (léase: le jue de paume) de los jardines de la casa de gobierno, es decir, de El Palacio de las Tullerías (?).

Intrigado, Necker preguntó por qué estaban allí, en vez de ir a sesionar, respondiéndosele, también al oido, que sólo se sabía que estaban allí desde las siete y media de la mañana; que acababan de conformar un cuerpo que ellos llamaron con el nombre de la asamblea general de la nación francesa o bien, como la asamblea nacional, a secas; que habían elegido como presidente de la misma a su alteza, el duque de Mulon, Tte. Gral. RW ® Dr. Jean Silvain Bailly (a) El Astrónomo (a) Macri (64), que era el único miembro de la baja nobleza (la hidalguía) que no se hallaba presente en el recinto de La Cámara de San Luis y que, evidentemente, estaba con ellos, es decir, con el patriciado (?).

Finalmente, se le explicó a Necker que la así llamada asamblea nacional, sencillamente, se había declarado soberana (?), proyectando cursar una invitación, exclusivamente dirigida al resto de la aristocracia, es decir, a la baja nobleza, al clero regular, al bajo clero secular, para que se sume a esa organización espontánea (léase: informal) que era, evidentemente i-le-gal (léase: jurídicamente subversiva) aparentemente, con el propósito de elaborar y de aprobar, pero sin permiso de nadie, nada más ni nada menos, que la constitución nacional, y nada más, claro está.

Absolutamente contrariado porque nadie le había informado nada en forma oportuna, es decir, a la hora misma en que comenzó semejante conciliábulo, Necker preguntó por qué no fue despertado para hacerle conocer las novedades, respondiéndosele que fue porque era bien sabido el pésimo mal humor que le causaba que lo molesten cuando estaba haciéndole el amor a su mujer, de lo cual, ya había varias experiencias previas, como aquella vez, que mandó a matar al mensajero, claro está.

Fastidiado, Necker propuso un cuarto intermedio hasta la tarde, nada más que para calmar las cosas que, evidentemente, se le habían ido de las manos.

Pero nada porque, al mediodía (le midí), cuando ya todo no era más que hechos consumados, doce agentes secretos (léase: Los C-3´s) de la agencia de seguridad nacional francesa (Mariamme = Mariana = La Side Francesa), liderada por su director general, es decir, por su alteza, el duque de Nancy y conde de Murthey, como así también, principal accionista, presidente del directorio y gerente general (The Chieff Executive Officer = The CEO) de la firma Poincare SG de París, matriz del Groupe Poincare de Francia, Tte. Gral. RW ® Dr. Pascal Henri Poincaré (a) El Chango Icazuriaga, de cincuenta y dos años de edad (léase: El Conde de Murthey), fingiendo ser lacayos de la corte, sencillamente, fueron y vinieron, del palacio hacia la posada de invierno, a donde almorzaba el patriciado desmadrado, es decir, los miembros de la flamante asamblea nacional francesa, maniobrando para lograr concretar el objetivo de que el resto de la aristocracia concurra, a la tarde, al estadio del juego de pelota (le jue de paume), directamente, para incorporarse a la asamblea nacional y para dejar inaugurada, de esa manera, la crisis institucional, y nada más.

Coetáneamente, se conoció la novedad de que su majestad (Luis XVI) había decretado la disolución de los estados generales, que había ordenado el inmediato desalojo de El Palacio de las Tullerías, y que había decretado la ratificación de el empréstito forzoso.

Increiblemente, a las tres de la tarde, los restantes estamentos de la aristocracia, encabezados por su alteza, el duque de Robespierre, Tte. Gral. RW ® Dr. Maximiliano François Carraud (a) Luis D´ Elía (a) Maxim, de treinta y un años de edad (léase: El Duque de Robespierre), a vista y paciencia de los efectivos del cuerpo francés (l´ armée) del ejército imperial (das reitch wehrmatch), liderado por su jefe del estado mayor general (JEMG), es decir, por su alteza, el duque de Donnissan, conde de La Rochejaquelein y barón de Lescure, Mcl. RW Arq. Jean Marie Dufour, de sesenta y dos años de edad (léase: El Barón de Lescure = Luis Alberto Pozzi), que custodiaban El Palacio de las Tullerías, se incorporaron a la asamblea nacional que, increiblemente, emitió una resolución en cuya virtud declaró que el asiento físico del cuerpo sería, justamente, el estadio del juego de pelota (le jueu de paume) de los jardines de El Palacio de las Tullerías, y nada más, claro está.

Demencialmente, Abal Medina, perdón, quise decir Necker, le ordenó al El Barón de Lescure que, directamente, no hiciera nada, incluso si los miembros de la asamblea nacional entrasen o saliesen de El Palacio de las Tullerías que, de ese modo, se convirtió en algo así como el primer bastión de lo que bien podría ser denominado con el pomposo nombre de la revolución francesa, o algo por el estilo, claro está.

En otras palabras, el problema estaba dejando de ser el empréstito forzoso o la constitución, para evolucionar rápidamente hacia una situación de la crisis institucional, con un cuasi parlemento revolucionario, operando en la sede misma del gobierno imperial.

Siendo así, la cosa no estaba nada bien o, mejor dicho, estaba mal. ¿Verdad? [4]

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.



[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.

[3] Bajo esa comprensión, que es puramente subjetiva,  el blanco es el color del liberalismo, el azul lo es del progresismo y el rojo lo es del radicalismo. Siendo con ese razonamiento mio digo que, entonces, necesariamente, el conservadorismo tendría que tener otro color que, para mi, no es otro que el amarillo, por la sencilla razón de que la bandera papal, que es amarilla y blanca, indicaría una visión política que es, genéricamente conservadora (vgr.: amarila) y específicamente liberal (vgr.: blanca), pero jamás progresista (vgr.: azul), ni mucho menos, radical (vgr.: roja), claro está. Bajo esa comprensión, las banderas de Gran Bretaña, de Francia y de los EEUU, expresan una ideología subyacente que combina liberalismo genérico, progresismo específico y radicalismo excepcional. Por su parte, la bandera española es locamente conservadora y, a la vez, radical, mientras la bandera argentina es genéricamente progresista (vgr.: azul), pero de un modo suave (vgr.: celeste) y específicamente liberal (vgr.: blanca). Consecuentemente, podria concluir que la bandera argentina expresa una equlibrada ecuación ideológica que es liberal progresista o bien, progresista liberal, lo mismo da y que, por ende, no es conservadora, ni tampoco radical, claro esta. Sin embargo, ahí está el sol rampante de nuestra enseña patria, es es amarillo (vgr: consevador) indicando que, excepcionalmente, los argentinos somos conservadores, claro está. En síntesis, esta es, en pocas palabras, la heráldica gallega del Dr. Vicente, esto es, la heráldica vicentiana o, si se prefiere, la heráldica visantina, con ese. ¡Una maravilla¡ ¡Pero qué tipo boludo¡ A ver, seguí. Bueno, está bien.

[4] Bajo esta comprensión, queda claro que la fractura del orden institucional que implica la revolución francesa se operó, exactamente, el ………… ocho de abril de 1789, con el sol en la constelación de tauro y con la luna en la casa del…… (léase: ………..), a las siete de la mañana, cuando se reunió el patriciado en el campo del juego de pelota, para constituir la asamblea nacional, independientemente de la hora exacta de la votación; y no el catorce de julio, es decir, La Toma de La Bastilla, como dice la versión oficial. Entonces, la primera revolución francesa es de tauro con ascendente en aries. Conste.

lunes, 4 de febrero de 2013

488 Historia (Francia)




Año II – Primera Edición – Editorial: 00000488 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Lunes 4 de Febrero de 2.013.


 

El Diario de la Revolución VI
Por Rubén Vicente

Durante la sesión matutina de los estados generales (léase: el parlamento francés) del martes siete de abril de 1789, su primer presidente provisional, es decir, su alteza, el duque de Copet y, a la vez, primer ministro del gobierno imperial (el secretario de estado = el canciller imperial), Tte. Gral. RW ® Dr. Matias Jacques Necker (a) El Suizo (a) Tengo un Plan, de sesenta y cuatro años de edad (léase: El Duque de Copet), somete a consideración de todos los diputados la propuesta de su alteza, el duque de Tayllerand, conde de Villafranca, barón de Perigord y marqués de La Dordona y, a la vez, obispo de la diócesis de La Dordona, arzobispo de la arquidiócesis de Guayana y cardenal del ordinariato occidental de Aquitania de la iglesia católica apostólica romana de la nación francesa (léase: la hija mayor de la santa sede romana), Tte. Cnel. Gral. RW (R) Msr. Dr. Dn. Charles Maurice Delacroix (a) El Rengo, de cuarenta y ocho años de edad (léase: El Cardenal Tayllerand).

En entonces cuando levanta la mano su alteza, el duque de Mulon y, a la vez, alcalde de la capital imperial (La Comuna de París), Tte. Gral. RW ® Dr. Jean Silvain Bailly (a) El Astrónomo, de cincuenta y cuatro años de edad (ver la foto del artículo), diciendo que él, a título personal, declara su aceptación de la propuesta de El Cardenal Tayllerán intentando, evidentemente, influir sobre la decisión personal de los diputados de la aristocracia (el estado llano = el tercer estado = la mayoría calificada = la izquierda = la gauche), en el entendimiento de que no sería un mal arreglo avalar políticamente el empréstito forzoso que, si o si, se cobrará igual, por las buenas o por las malas, si con ello se logra que el monarca (Luis XVI) acepte quedar sujeto a una constitución nacional, claro está.

Entonces, listo, quedamos así, pero nada porque, justo antes de votar, levanta la mano, en representación de toda la aristocracia del interior de país, su alteza, el duque de Robespierre, Tte. Gral. RW ® Dr. Maximiliano François Carraud (a) Maxim, de treinta y un años de edad (léase: El Duque de Robespierre), quien le solicita a Necker el uso de la palabra, para referirse a un tema de suma importancia para todos los miembros del cuerpo (?).

Anoche no hubo agua corriente en El Palacio de las Tullerías y, por eso, Necker cree que El Duque de Robespierre quiere hacer el reclamo correspondiente que, obviamente, el gobierno no puede solucionar, porque es un tema de los plomeros, que ya están trabajando para solucionarlo, y nada más.

Bajo esa comprensión, Necker le informa a El Duque de Robespierre que hablará, pero sólo después de votar la propuesta de El Cardenal Tayllerand, que mira a El Duque de Robespierre, sencillamente, con cara de jodete.

Pero nada porque, levantando el tono de voz (léase: vociferando), El Duque de Robespeirre dice que la aristocracia del interior, sencillamente, no convalida el emprestito forzoso de su majestad, declarando su invalidez, es decir, su nulidad (?), pero además, exigiendo (?) la inmediata transformación de los estados generales en un nuevo parlamento francés permanente, que conforme la comisión de asuntos constitucionales y que, en su momento, sancione la ley fundamental (léase: la constitución nacional), exigiendo (?) su juramento  a su majestad (Luis XVI), olímpicamente, bajo apercibimiento de destitución (?), y nada más, claro está (anotación del taquígrafo: ovación).

Aro, aro, aro. A ver, a ver, a ver. Acá tenemos un tema. Por una parte, están los miembros de la alta nobleza y de el alto clero secular (la corte y la curia = el consejo de estado = el parlamento de la elite = la oligarquía vernácula = la minoría = la derecha = la droite), liderada por El Cardenal Tayllerand, mostrándose conciliadora (léase: moderada = de centro derecha = la centre droite), aún sin saber a ciencia cierta cuál será la actitud de su majestad (Luis XVI) que, en teoría, podría ser que esté de acuerdo, pero también, que no lo esté y, por tanto, él representaría algo así como la derecha propiamente dicha (la droite).

Por el otro, está la aristocracia parisina (el estado llano = el tercer estado = la izquierda = la gauche), liderada por El Duque de Mulon que, evidentemente, es más práctica y quiere contemporizar con la oferta generosa de El Cardenal Tayllerand, sencillamente, para evitar la guerra civil, posicionándose, en los hechos, como una suerte de centro izquierda (la centre gauche).

Finalmente, está la aristocracia del interior (el estado llano = el tercer estado = la izquierda = la gauche de l´ interieur), liderada por El Duque de Robespierre que, directamente, no concede nada y, como asi eso fuera poco, lo exige todo, y listo, pero sin necesidad de contar con la anuencia del monarca (léase: de prepo), evidenciando con ello una posición ciertamente idealista, principista, intransigente y, sobre todo, extrema (léase: extremista = izquierdista propiamente dicha = la gauche = le radicalisme = el radicalismo).

Consecuentemente, desde ahora mismo, en el seno de los estados generales, suceda lo que suceda, queda claro que hay cuatro facciones diferenciadas (4), a saber:

1) El monarca (Luis XVI) y quienes esten con él, operando como la derecha (la droite), que no quiere que nada cambie, es decir, posicionándose como el componente conservador (los conservadores);

2) La monoría de la derecha moderada de El Cardenal Tayllerand, es decir, de los que quieren que algo cambie, pero para que nada cambie en realidad, esto es, algo así como los liberales (la centre droite = les libéreaux) que, teóricamente, son el treinta y tres por ciento (33%);

3) La otra minoría de la izquierda parisina de El Duque de Mulon (33%), que quieren que todo cambie, aunque nada cambie en realidad, posicionándose como una suerte de izquierda moderada, esto es, como una centro izquierda reformista (le centre gauche réformiste = le reformismo = el progresismo = le progressisme), teóricametente, con otro treinta y tres por ciento (33%); y

4) La otra minoría de la aristocracia extremadamente izquierdista del interior de El Duque de Robespierre, es decir, la extrema izquierda radical (l´ extreme gauche = la gauche radical =  le radicalisme = el radicalismo) que, también en teoría, contaría con el treinta y tres por ciento (33%).

En síntesis, conservadores (Luis XVI = Cristina), liberales (Tayllerand = Anibal Fernandez), progresistas (Mulon = Macri) y radicales (Robespierre = D´ Elía), ja ja já.

En otras palabras, se partió la izquierda (léase: los progresistas versus los radicales). Dicho de otro modo, ganó la derecha (los conservadores y los liberales). [3]

Pero nada porque, directamente, no se vota la propuesta de El Cardenal Tayllerand y, como si eso fuera poco, interviniendo imprudentemente, creyendo que es algo así como un mago de la política (léase: un boludo insigne), Necker, sencillamente, levanta la sesión, y nada más, esto es, sin decir cuándo se reunirán los estados generales.

Fuera de programa, es decir, dándose cuenta de que ha cometido un error (léase: se mandó un moco), Necker levanta la voz, para rogar a todos que permanezcan en El Palacio de las Tullerías hasta nuevo aviso, pues él irá esta misma noche a El Palacio de Versalles a sondear la opinión de su majestad (Luis XVI) respecto de la propuesta de la derecha moderada (los liberales reformistas) de El Cardenal Tayllerand, que parece haber aceptado la izquierda moderada (los liberales progresistas) de El Duque de Mulon, con lo cual, dice Necker, tendríamos consenso suficiente (66%).

Entonces, estamos mal, pero vamos bien. ¿Verdad?

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.



[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.

[3] Este es un momento oportuno para decir, primero, que puede haber una derecha, conservadora o liberal y, también, una izquierda, progresista o radical, que esté integra y exclusivamente conformada por miembros de la nobleza, alta o baja, pero nobleza al fin y, segundo que, bajo esa comprensión, no es verdad lo que aseguran ciertos historiadores como por ejemplo, el Prof. Félix Luna o bien,  el Prof. Mariano Grondona, que sostienen que, en su inicios, el liberalismo de la revolución francesa era una idelogía de izquierda (sic), pues está cristalinamente claro que, desde el mismo arranque de las cosas, el liberalismo, no sólo fue la derecha, moderada, pero derecha al fin sino que, además, como si eso fuera poco, representaba, a través de una sola persona (Tayllerand) a los tres estamentos decididamente liberales o, si se prefiere, reformistas: 1) El alto clero secular, a que él pertenecía; 2) La baja nobleza, a la que él también pertenecia; y 3) A la alta nobleza, a la que no pertenecía pero que, gracias a su manejo político,  termina liderando, a modo de caudillo informal de la misma (léase: el jefe = le chef = the boss = il capo = der fuhrer). Conste.