domingo, 3 de febrero de 2013

487 Historia (Francia)




Año II – Primera Edición – Editorial: 00000487 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Domingo 3 de Febrero de 2.013.


 

El Diario de la Revolución V
Por Rubén Vicente

Exactamente el domingo cinco de abril de 1789, en el recinto de La Cámara de San Luis de la casa de gobierno (léase: El Palacio de las Tullerías), con toda solemnidad y bajo la presidencia alterna de su alteza, el duque de Copet y, a la vez, primer ministro del gobierno imperial (el secretario de estado = el canciller imperial), Mcl. RW ® Dr. Dn. Matías Jacques Necker (a) El Suizo, de sesenta y cuatro años de edad (léase: El Duque de Copet), se inicia la primera sesión de la segunda convocatoria de los estados generales del imperio francés, con la presencia de la alta nobleza, del alto clero y la de aristocracia (léase: la baja nobleza, el clero regular y el patriciado).

Bajo esa comprensión, Necker agradece la presencia de todos y da por oficialmente inaugurada la nueva reunión de los estados generales, disponiéndose a dar lectura a la orden del día (léase: la agenda) que, de acuerdo con lo pactado con su majestad (Luis XVI), se limitará a solicitarle al cuerpo la aprobación del proyecto gubernamental de poner en vigencia un empréstito público, destinado a recaudar los fondos suficientes para sufragar los gastos de la familia imperial, como así también, la compra de armamentos para las fuerzas armadas (militares y navales).

De la escacés alimentaria, de la inseguridad rural y urbana, del deficit fiscal insostenible, de la refinanciación de la deuda externa con la banca suiza recontra vencida y no cancelada, y la constitución, es decir, de El Plan Necker (léase: la revolución francesa desde arriba), ni hablemos.

Sin embargo, actuando en nombre de un grupo de treinta y tres miembros de la aristocracia (33), todos ellos domiciliados en la capital francesa (París), su alteza, el duque de Mulon y, a la vez, alcalde del municipio matropolitano (La Comuna de París), Tte. Gral. RW ® Dr. Jean Silvain Bailly (a) El Astrónomo, de cincuenta y cuatro años de edad, solicita al cuerpo quiera tener a bien considerar una cuestión de previo y especial pronunciamiento, como es el pedido de la aristocracia parisina de duplicar la representación de la aristocracia del interior de la metrópolis imperial (Francia = La France), a los efectos de que todo el tercer estado (léase: el estado llano = la aristocracia), tenga una representación política integral, sabiendo que la mayoría simple que ahora tiene (51%), directamente, sería calificada (66%), y nada más, claro está.

Entre las quejas de los diputados de la alta nobleza (léase: la corte) y de el alto clero secular (léase: la curia), que juntos forman el consejo de estado, es decir, el parlamento de la elite (la oligarquía  vernácula = la derecha = la droite), sintiendo que su estratégia política está al borde del abismo (léase: se va todo al jocara mal), evidenciando un insólito descontrol que, en realidad, no es nada más que la obra del espíritu santo (léase: la verdadera mano invisible), actuando en favor de el plan divino de salvación, Necker le responde a El Duque de Mulon, olímpicamente, que se haga como pide (?).
A partir de ese mismo momento, El Duque de Mulon, sinceramente, agradece la deferencia pero, ahí nomás, le solicita a el cuerpo, y no a su presidente alterno (léase: Necker), la inmediata incorporación de los diputados de la aristocracia del interior que, ahora mismo, están justo afuera de El Palacio de las Tullerías y que podrían ingresar al mismo al instante (?).

Sorprendido y fastidiado, nada más que porque le están manejando la maldita primera sesión de sus nuevos estados generales, Necker hace un gesto desdeñoso para que los traigan a su presencia.

Media hora más tarde, en un clima de gran nerviosismo (léase: el aire se corta con tijera), ya se han incorporado a los estados generales, nada más ni nada menos, que todos los diputados integrantes de la aristocracia del interior de Francia (La France), sentándose todos al lado de sus pares parisinos, quedando todos juntos sentados a la izquierda del trono vacío del monarca (la gauche) representando, desde ahora, la mayoría calificada del cuerpo (66%), mientras los grandes estamentos feudales (la nobleza y el clero = la corte y la curia = el consejo de estado = el parlamento de la elite = la oligarquía vernácula = la derecha = la droite) queda siendo la primera y única minoría (33%) que, ahora si, luego de este pequeño incidente pretende, lógicamente, liquidar la orden del día (la agenda), pero en el día y, si fuera posible, antes del almuerzo, para luego clausurar sus nuevos estados generales, y que se den por satisfechos, claro está.

En ese contexto, creyendo que ha recuperado el control de la sesión, es decir, que se ha despertado y que se ha puesto las pilas, Necker aclara que, de todas maneras, él deja establecido que cada diputado, sea del estamento que sea (la nobleza, el clero o la aristocracia), deberá formular su voto de manera in-di-vi-dual, es decir, a título personal, y no en representación de su estamento de pertenencia (léase: de su bancada), por lo que no serán necesarios ni cuartos intermedios ni reuniones paralelas (léase: los conciliabulos) para fijar una posición estamentaria (léase: sobre tablas).

Inmediatamente después, Necker da lectura a la orden del día (la agenda). Sólo cinco minutos más tarde (5), sabiendo que hay que pasar a votación inmediata, otra vez, insólitamente confundido por el espíritu santo (léase: la verdadera mano invisible), Necker, muy tranquilo y seguro de si mismo, increiblemente, declara un receso hasta mañana las nueve de la mañana (?).

Gradualmente y, obviamente, muy contrariados, los más prominentes diputados de la alta nobleza (la corte) y de el alto clero secular (la curia), esto es, de el consejo de estado (el parlmamento de la elite = la oligarquía vernácula = la derecha = la droite) se acercan al presidente alterno de los estados generales (Necker), nada más que para preguntarle si, verdaderamente, está en su cabales o, si por el contrario, se volvió completamente loco de remate.

Luego de escuchar sus reproches y hasta sus insultos en voz baja, Necker los mira son suficiencia, aclarándoles que él sabe, muy pero muy bien lo que está haciendo, por la sencilla razón de que, directamente, tiene un plan (?), dejando a todos convencidos de que, evidentemente, tiene un plan (?) y nada más, claro está.

En otras palabras, mejor que tenga un plan porque, si no, se va todo al diablo, claro está. Pero nada porque, en realidad, Necker, directamente, no tiene nada creyendo que, al ganar tiempo, increiblemente, podrá elaborar algún plan, sencillamente, para salir de las arenas movedizas en que ha caído su estrategia personal. ¿Quién este mogólico? ¿El tátara chozno de Abal Medina? ja ja já.

Al día siguiente, a las nueve de la mañana, en el recinto de La Cámara de San Luis de la casa de gobierno (léase: El Palacio de las Tullerías), se abre la segunda sesión de la segunda convocatoria de los estados generales de el imperio francés, bajo la presidencia alterna de Necker

Inmediatamente después, Necker anuncia llamado a votación uninominal. Uno por uno, los diputados de la alta nobleza y de el alto clero secular (la corte y la curia = el consejo de estado = el parlamento de la elite = la oligarquía vernácula = la minoría = la derecha = la droite), sencillamente, votan por la afirmativa (33%).

Por su parte, obviamente, la aristocracia (la pequeña nobleza + el clero regular + el bajo clero secular + el patriciado = el estado llano = el tercer estado = la izquierda = la gauche), vota por la negativa (66%).

Listo… Ya está … Se acabó … No hay ninguna posibilidad de arreglo… Por eso, sintiendo que está a punto de sufrir un ataque cardíaco, completamente entristecido, Necker, antes de clasurar los estados generales, sencillamente, pide un vaso de agua, por favor. ¡Mejor dale cianuro a este infeliz!

Mágicamente, ese momento es aprovechado por su alteza, el duque de Mulon y, a la vez, alcalde de la capital imperial (La Comuna de París), Tte. Gral. RW ® Dr. Jean Silvain Bailly (a) El Astrónomo, de cincuenta y cuatro años de edad, para pedir, en nombre de toda la aristocracia (el estado llano =  el tercer estado = la izquierda = la gauche) que, antes de clausurar los estados generales, se declare la necesidad de elaborar un proyecto de la ley fundamental, es decir, de la constitución nacional francesa (?).

Está más que claro que su pedido será denegado, por la sencilla razón de que Necker, directamente, no está facultado a autorizar semejante pretensión, esto es, no tiene un plan, como él cría demencialmente que tenía.

Sin embargo, está visto que Dios, sencillamente, aprieta pero no ahorca porque, porque justo entonces, pide la palabra su alteza, el duque de Tayllerand, conde de Villafranca, barón de Perigord y marqués de La Dordona y, a la vez, obispo de la dióecesis de La Dordona, arzobispo de la arquidiócesis de Guayana y cardenal del ordinariato occidental de Aquitania de la iglesia católica apostólica romana de la nación francesa (léase: la hija mayor de la santa sede romana), Msr. Dr. Dn. Charles Maurice Delacroix (a) El Rengo, de cuarenta y ocho años de edad (léase: El Cardenal Tayllerand = Anibal Fernandez), que es el tipo cuya imagen ilustra este artículo.

En ese estado, Tayllerand, en nombre y por cuenta de la alta nobleza, a la que no pertenece (la corte) y de el alto clero secular, al que pertenece (la curia),  es decir, arrogándose el liderazgo político de todo el consejo de estado (el parlamento de la elite = la oligarquía vernácula = la minoría = la derecha = la gauche), insólitamente, propone una fórmula de transacción (?).

De acuerdo con su propuesta, los estados generales procederán a una nueva votación afirmativa, que le otorgue legitimidad al empréstito forzoso de su magestad (Luis XVI), a cambio de formular una declaración, en cuya virtud, los estados generales, directamente, dejen de ser un cuerpo no permanente, convirtiéndose en un cuerpo permanente, es decir, en algo así como en el nuevo parlamento imperial francés. ¡Ah¡ ¡Eso estaría bueno¡

A partir de esa nueva situación hipotética, explica Tayllerand, el parlamento francés sancionaría, inmediatamente, una ley de conformación de la comisión de asuntos constitucionales, destinada a elaborar un proyecto de ley fundamental, es decir, una constitución nacional, que será sometida a consideración y eventual aprobación por parte de su majestad (Luis XVI), para luego solicitar un cuarto intermedio hasta mañana a las nueve de la mañana, antes de decir si se acepta o no se acepta su propuesta.

Sintiéndose al borde del desmayo, despatarrado en su banca central, sólo levantando su mano derecha, Necker deja claro que está de acuerdo con El Cardenal Tayllerand y, entonces, se levanta la sesión.

Comienza la desconcentración en silencio, mientras El Cardenal Tayllerand cruza su mirada con la de Necker (?).

En otras palabras, le pregunta telepáticamente El Cardenal Tayllerand a Necker: ¿Vos sabés lo que podés hacer con tu plan, no?

Expresado en otros términos, la iglesia católica apostólica romana de la nación francesa (léase: la hija mayor de la santa sede), a través de El Cardenal Tayllerand, acaba de evitar, nada más ni nada menos, que el estallido de la guerra civil francesa, y nada más, claro está.

Siendo así, a pesar de todo, la conclusión es que está todo bien. ¿Verdad?

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.



[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.

sábado, 2 de febrero de 2013

486 Historia (Francia)





Año II – Primera Edición – Editorial: 00000486 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Sábado 2 de Febrero de 2.013.


 

El Diario de la Revolución IV
Por Rubén Vicente

El domingo veintidos de marzo de 1789, a las nueve de la mañana, se reunieron los estados generales en París, con la presencia del monarca y de su primer ministro, frente a la alta nobleza (la corte) y al alto clero secular (la curia), es decir, al consejo de estado (léase: el parlamento de la elite = la oligarquía vernácula = la derecha = la droite = la minoría) que, unánimente, votó por la afirmativa, pero también, frente a la aristocracia (el estado llano = el tercer estado = la izquierda = la gauche = la mayoría) que, también unánimemente, votó por la negativa (?), pero además, exigiendo a voz en cuello (léase: con insolencia), nada más ni nada menos, que la constitución, y nada más, claro está.

Bajo esa comprensión, sencillamente, se declara la suspensión de la sesión.

Por la noche, dándose cuenta que la cosa viene durita, sólo para que aprendan, su majestad (Luis XVI), olímpicamente, declaró la disolución de los estados generales emitiendo, además, un decreto imperial (de raescriptum = el rescripto) por que el puso en vigencia, directamente, un empréstito forzoso, y listo.

Andá al carajo con esto de los estados generales. No sé para qué sorete le tuve que dar pelota a este pelotudo de Necker. Van a tener que aportar para la corona, les guste o no les guste, o van sentir el dolor del sable, o de la horca, o del protro, porque acá, mando yo, y se acabó.

Pregunta: ¿Soy el rey o no soy el rey? Respuesta riojana: ¡Pero por favor querido¡ ¡El gusto de saludarlo¡ Bajo esa comprensión, la conclusión de Luis XVI fue Mon Dieu avec les aristocraciens. Entonces, sencillamente, no está todo tan bien. ¿Verdad?

Al día siguiente, a la manaña, absolutamente todos los miembros de los estados generales en disolución se encuentraban en proceso de regresar, cada uno, a su lugar de residencia, ya fuera en París o bien, en el interior de la metrópolis del imperio galo (Francia = La France).

Sin embargo, cada uno recibió una comunicación proveniente de su alteza, el duque de Copet y, a la vez, primer ministro del gobierno imperial (el secretario de estado = el canciller), Tte. Gral. RW ® Dr. Matias Jacques Necker, de sesenta y cuatro años de edad (léase: El Duque de Copet = Necker), por medio de la cual les rogó que quisieran tener a bien hospedarse esa noche, nada más ni nada menos, que en la casa de gobierno, es decir, en El Palacio de las Tullerías, obviamente, con los gastos pagos por gobierno de su majestad y, también, en calidad de huéspedes oficiales del mismo, mientras él, personalmente, iniciaría una gestión de buenos oficios, justamente, ante su majestad, para concretar el objetivo de lograr una nueva convocatoria de los estados generales.

Lo que la comunicación no decía era que la intención de Necker era que Luis XVI convocará nuevamente a los estados generales, para tratar el tema de la constitución, armando una comisión de asuntos constitucionales cuya labor, sencillamente, jamás fructificaría, dando por sentado que el empréstito forzoso recibiría implícita legitimación política, por la vía de su liso y llano pago por parte de los destinatarios quienes, durante los días siguientes, serían debidamente sobornados por el gobierno imperial (léase: la banelco), obviamente, vía la agencia de seguridad nacional (léase: Mariamme = Mariana = La Side Francesa), liderada por su alteza, el duque de Nancy y conde de Murthey, como así también, principal accionista, presidente del directorio y gerente general (The Chieff Executive Officer = The CEO) de la firma Poincare SG de París, matriz del Groupe Poincare de Francia, Tte. Gral. RW ® Dr. Pascal Henri Poincaré, de cincuenta y dos años de edad (léase: El Conde de Murthey).

La realidad demuestra que, por la noche, la casi totalidad de los convocados, sencillamente, aceptó la hospitalidad del gobierno francés, comenzando a morar en El Palacio de las Tullerías.

Siendo así, la conclusión es que está todo bien, claro está. ¿Viste?

Tres días más tarde, es decir, el jueves veinticinco de marzo, la prensa francesa comienzó a comentar la disolución de los estados generales pero, extrañamente, empiezó a hacer alusión a la importancia política de los magnates plebeyos, que no profesabann la religión católica apostólica romana y que, por ende, no poseían títulos de nobleza morganática, que los posicionara como los caballeros imperiales, es decir, como los patricios; refiriéndose a ellos como los de las comunas (léase: los comuneros = los comunes), es decir, igual que como se los conocía en Gran Bretaña.

A diferencia de los restantes estamentos (la nobleza, el clero y la aristocracia), cuyo poder les venía de la divinidad, en el caso de los comunes, su mandato surgía de la voluntad del pueblo (le peuple), expresada a través  del proceso electoral (las elecciones), en el nivel municipal y, en algunas partes de el territorio nacional de la metrópolis imperial (La Francia = La France), a nivel de los condados, de las baronías, de los marquesados y hasta  de los principados, genéricamente referenciados bajo la denominación informal de las provincias o bien, como las regiones, lo mismo daba.

Segundo, porque estaba visto que los comunes, ellos sólos, superaban en número a la totalidad de los miembros de la nobleza, del clero y de la aristocracia, posicionándose entonces como la gran mayoría, frente a esas tres minorías (3).

Tercero, habían sido los comunes quienes habían apoyado más vivamente la ilegitimidad política y, por lo tanto, la invalidez jurídica (léase: la nulidad) del empréstito público cuya aprobación solicitó fallidamente su majestad (Luis XVI) y que se había convertido en forzoso.

Cuarto y, último, los comunes eran los más entusiastas promotores de la iniciativa de exigirle al monarca (léase: la insolencia) la sanción de una ley fundamental, es decir, de la constitución nacional francesa, que hiciera evolucionar el régimen político de ese momento (léase: la monarquía parlamentaria federativista), hacia un nuevo régimen (le nouvelle regime), cualitativamente muy superior, como sería el de la monarquía constitucional, que regía únicamente en Gran Bretaña, y en absolutamente ningún otro lado más del mundo entero (orbis). [3]

Por este motivo, a partir de entonces, aunque no tuvieran ni arte ni parte en la política imperial, de todas maneras, los comunes comenzarían a ser colectivamente conocidos bajo la denominación común de los constitucionalistas. Conste. [4]

El domingo primero de marzo, luego de casi una semana de extenuantes buenos oficios (1), Necker logró la hazaña política de persuadir a Luis XVI de autorizarlo a convalidar la firma de un decreto gubernamental de nueva convocatoria a los estados generales del imperio, pero actuando él (léase: Necker) como presidente alterno del cuerpo pues, evidentemente, de aristócratas insolentes, Luis XVI, sencillamente, no quería saber más nada, obvio.

La fecha quedó fijada entonces para el siguiente domingo cinco de abril. Siendo así, la conclusión es que todo volvía a estar bien, ¿Verdad?

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.



[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.

[3] En 1789, La Federación Forestal (léase: La Foresta = Helvesia = Suiza), estaba conformada por una serie de cantones  gobernados por las costumbres ancestrales (léase: las normas consuetudinarias). Faltaban casi sesenta años para que La Foresta cambiara su nombre, por el nuevo de La Confederación Helvética, que puso en vigencia La Constitución Suiza de 1848, que fue la primera carta magna del país alpino elaborada bajo el criterio racional-normativo (léase: la constitución escrita). Y lo mismo sucedía en Gran Bretaña, donde aún hoy no existe una ley fundamental única, sino leyes de rango consitucional que, en su conjunto, son consideradas como las partes de la constitución nacional británica que, técnicamnte hablando, se sigue clasificando como consuetudinaria. Conste.

[4] En este punto, se entiende que no está demás recordar que la participación de los comunes en la composición de los entes gubernamentales de rango municipal, provincial o regional, sencillamente, no dependía del régimen de la monarquía parlamentaria federativa, vigente hasta hacía veinte años atrás pero que, en marzo de 1789, estaba suspendido temporariamente, sino más bien, justamente, transgrediendo el régimen político vigente, que era el de la monarquía nacional teocrática absoluta (léase: el despotismo), que gobernaba para el pueblo pero sin el pueblo (el despotismo ilustrado), que ha sido reinstituído por los miembros de la pequeña nobleza (léase: la hidalguía), en su propios señoríos feudales (los ducados, los condados, las baronías, los marquesados y los principados), como una suerte de departamento administrativo de los mismos y no como verdaderos entes públicos de carácter gubernamental. Finalmente, corresponde recordar que, no en todos los municipios, las provincias o las regiones informales de Francia (La France), los entes administrativos de los respectivos señoríos feudales estaban conformados por los comunes, si no que, en general, puede decirse que dichos entes eran el bastión de los caballeros imperiales (léase: los patricios = el patriciado), de modo tal que, el supuesto de municipios, provincias o regiones en las cuales los comunes tuvieran participación política en los consejos deliberantes, en los tribunales de faltas y contravenciones (los tribunales de policía), en los ayuntamientos, en los parlamentos (provinciales o regionales) y en los gobiernos (provinciales o regionales), pero nunca en los tribunales (provinciales o regionales) es, sin lugar a dudas, una participación verderamente es-pe-cial, por no decir, directamente, excepcional, claro está. Conste.

viernes, 1 de febrero de 2013

485 Historia (Francia)




Año II – Primera Edición – Editorial: 00000485 [1]

El Cisne Negro [2]
El Diario Digital de la Historia y de la Geopolítica
Viernes 1° de Febrero de 2.013.


 
 

El Diario de la Revolución III
Por Rubén Vicente

El viernes treinta de enero de 1789, varios hombres, pertenecientes a la clase media urbana, es decir, a la pequeña burguesía, se unieron para conformar una nueva sociedad comercial, que comenzó a girar bajo la razón social de Marat et Cié SG, con domicilio legal en la ciudad de París, cuyo principal accionista, presidente del directorio y gerente general (The Chieff Executive Officer = The CEO) era el Dr. Giovanni Paolo Mara Cabriol (a) Jean Paul Marat (a) El Oculista (a) El Tipazo (46).

La nueva empresa de Marat tenía por objetivo adquirir una imprenta, y emplearla en la edición de un nuevo medio de prensa, que comenzaría a circular bajo el nombre de El Amigo del Pueblo (L´ Ami de Peuple), centrada en las ideas de los derechos humanos, del estado de derecho y de la democracia constitucional, que no es otra casa que la idelogía subyacente en la revolución francesa que todos anhelan pero que, cada día más, está apunto de comenzar, pero no pacíficamente sino, lamantablemente, con violencia, y nada más, claro está. [3]

Al iniciarse el mes de marzo, el consejo deliberante del ayuntamiento de la capital francesa (La Comuna de París), reeligíó para un nuevo período de dos años (2) al alcalde de la ciudad (el intendente municipal), es decir, a su alteza, el duque de Mulon, Tte. Gral. RW ® Dr. Jean Sylvain Bailly (a) El Astrónomo (54). [4]

El sábado veintiuno de marzo, mientras sobrevenía el advenimiento de el equinoccio de primavera boreal y en el día en que la cristiandad celebra la festividad de San Jacobo El Confesor, exactamente a las tres y media de la tarde, en El Palacio de las Tullerías (léase: la casa de gobierno) y, bajo la presidencia de su majestad, el monarca del Gran Imperio Francés (Le Plus Grand France) y, a la vez, mayordomo sacro imperial (el gran canciller del reitch), Gn. Mcl. RW ® Dr. Luis XVI Borbón (a) Le Roi (a) El Gran Delfín (a) El Mayordomo Sacro Imperial (a) El Satanista, de treinta y cuatro años de edad (léase: Luis XVI), se inicia la primera sesión de los estados generales del imperio (el parlamento imperial = el congreso nacional ad hoc).

En ese contexto, actuando como secretario administrativo, su alteza, el duque de Copet y, a la vez, primer ministro del gobierno de su majestad (el secretario de estado = el canciller imperial), Mcl. RW ® Dr. Matias Jacques Necker (a) El Suizo, de sesenta y cuatro años de edad (léase: El Duque de Copet).

Después de invocar la protección de la divinidad, a quien alude como la fuente de toda razón y justicia, Necker agradecio la presencia en el recinto (léase: La Cámara de San Luis) de los miembros del cuerpo (los diputados), para luego dar lectura al tema único de la agenda, para después proseguiría con la lectura a la primera parte de la memoria que hace dos meses atrás (2) elevó a consideración de su majestad (Luis XVI), refiriéndose al estado financiero del imperio (léase: la cuarta bancarrota naciona francesa) y a la necesidad de adoptar urgentes medidas correctivas (léase: el empréstito extraordinario).

Como él sabía que era un plomo, Luis XVI le pidió a Necker que, antes de comenzar, quisiera tener a bien, igual que todos los demás, dispensarlo pues, sencillamente, tenía otros graves asuntos de estado que atender (?).

Naturalmente, todos se pusieron de pie, haciendo las reverencias del caso, mientras el monarca del estado más poderoso de la tierra (Luis XVI) se retiraba con pompa y circunstancia, sencillamente, a  El Palacio de Versalles, pero a cazar conejos, que era un nuevo entrenimiento que lo diviertía más, probablemente, creyendo que Necker, obviamente, no tendrá ningún problema en maneter la calma y la atención de los miembros del cuerpo y, sobre todo, de manejar una votación favorable a los intereses del gobierno, que eran los intereses de la corona, que eran los intereses de la nación, que eran los intereses del imperio, que eran los intereses europeos, que eran los intereses del mundo entero (orbis), que eran los intereses eclesiásticos, que eran los intereses de la santa sede, que eran los intereses del papa, que eran los intereses de Dios o, por lo menos, eso es lo que supone que eran, y nada más, claro está.

Inmediatamente despúes, El Duque de Copet (Necker) volvió sobre la memoria de hacienda y crédito público que, efectivamente, era larga y aburida, claro está.

Interín, con la mirada, uno de los miembros del cuerpo, que estaba ubicado al fondo del gran salón (léase: al dofón = a triqui), empezó a panear todo el recincto (La Cámara de San Luis), viendo que, tal como corresponde, estaban sentados cada uno en función de su estamento de pertenecia (la nobleza, el clero y la aristocracia), cayendo en la cuenta de que estaban todos sentados, desde posición visual, a la derecha del recinto (la droite), excepto la aristocracia, cuyos miembros ocupaban, pero a tope, toda la izquierda del recinto (la gauche), motivo por el cual sacó dos conclusiones (2).

La primera era que, increiblemente, la aristocracia, y sólo ella, sencillamente, es la mayoria y, la segunda era que, siendo así, estaba claro que, como las votaciones eran unipersonales, la izquierda (la gauche), como él la llamaba en su cabeza, directamente, tenía el control de la decisión de los estados generales, es decir, la atribución política de constreñir al gobierno de su majestad o, si se prefiere, a su majestad propiamenente dicha, esto es, a Francia, a su gran imperio planetario y al mundo entero (orbis), sencillamente, a hacer lo que ellos quisieran, y nada más, claro está.

Sin embargo, reaccionó rápidamente, dándose cuenta de que, justamente, porque eran muchos, sencillamente, jamás podrían ponderse todos de acuerdo para que algo así pudiera hacerse realidad, claro está.

Menos mal. Además, el evento era ad hoc, ya que sólo está previsto discutir y votar un solo tema de agenda (léase: la contribución extraordinaria), y nada más, claro esta.

De esa manera, en el peor de los casos, la izquierda aristocrática (el estado llano = el tercer estado  = la gauche) sólo podría votar que si o que no, supuesto en el cual, el gobierno podría financiarse con un empréstito forzoso, y se acabó la milonga, perdón, el minué (?). [5]

Una vez concluída la lectura de la memoria de hacienda y crédito público de Necker, casi sin permitir que haya debate, invocando lo avanzado de la hora, pues ya son las siete de la tarde y había anochecido, les solicitó a los miembros del cuerpo (los diputados) sencillamente, levantar la sesión, continuando al día siguiente, las nueve de la mañana, pasándose directamente a votación.

Bajo esa comprensión, está claro que Necker, sencillamente, descontaba un resultado favorable a su gobierno, en el entendimiento de que la aristocracia, de puro contenta nomás daría, al unísono, su voto por la afirmativa, provocando con ello una votación casi unánime, obviamente, a favor de Francia, y nada más, claro está.

Siendo así, la conclusión dera que, hasta ahí, todo bien, claro está.

Y si me dijeran que estoy muy equivocado, respondería que veremos, veremos y pronto lo sabremos.



[1] La libre expresión y la segura circulación de la información contenida en el presente documento se halla jurídicamente garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Art. 19), la Constitución Nacional de la República Argentina de 1995 (Art. 14),  la Ley Nacional N° 26.032 de 2005 y el Código Penal de la Nación (Arts. 153 y 155).

[2] Para uno de Los Siete Grandes Sabios de Grecia (Solón) El Cisne Negro es un hecho teóricamente posible que todos creen que es prácticamente improbable, pues si ocurriera sería castastrófico.

[3] Se que me estoy saliendo de época, pero siento que no puedo compartir la visión marxista de que la violencia es la gran partera de la historia. En mi pensamiento político, que se deriva de la teología del católicismo apostólico romano y, por lo tanto, es políticamente integrista, una revolución, incluso profundísima, puede lograrse a través de la voluntad de plasmarla en la realidad de un modo no violento, es decir, por la vía política y, además, democrática, claro está. No, nada. Quería decir eso. Sigo.

[4] Recuérdese que el Dr. Bailly nació plebeyo, se convirtió en científico, fue un astrónomo destacado, presidió La Fundación Maurepas, es decir, el primer instituto tecnológico de la historia francesa y, además, fue presidente de La Academcia de Ciencias de Francia, otorgándosele el título morganático de duque de Mulon, que le garantizó el diezmo feudal de su ducado y la buena vida que del mismo derivava, pero que no podrá transmitir nada por herencia si no contraía matrimonio católico apostólico romano y si no tenía, por lo menos, un hijo varón que lo pudiera continuar, vería extiguirse su nobleza declarada políticamente. Bajo esa comprensión, nada más que por amor a la patria, el Dr. Bailly había considerado un deber moral, nada más ni nada menos, que entrar en la política, siendo dos veces alcalde de París (2), debiendo convivir con los intereses y con las pasiones (léase: la codicia y la envidia = el odio), que son peores que la propia muerte, claro está. En otras palabras, un tipo extraordinario, del que ni siquiera nos acordamos cuando estudiamos la revolución francesa y que, por esta vía, pretendemos rescatar para la historia universal, y nada más, claro está. Conste.
[5] Los empréstitos son instrumentos de la deuda pública de las naciones civilizadas destinados a la captación de fondos privados necesarios para financiar el pago de compromisos vencidos y aún no cancelados por el gobierno. Por su propia naturaleza jurídica financiera y no tributaria, ningún empréstito puede ser forzoso, de modo tal que quien osara imponerlo sin la anuencia de los contribuyentes, estaría creando de hecho, justamente, un impuesto inválido y, por ende, nulo, es decir, una exacción ilegal, por aplicación del principio de la legalidad tributaria (léase: now tax without  representation), que en ese entonces, sólo era conocido en Gran Bretaña y, ahora, en los EEUU, pero que en Francia, desde la disolución del parlamento, hace décadas atrás, sencillamente, no existía (léase: no regía), y nada más, claro está. Conste.